El mundo educativo reflexiona sobre cómo compaginar una educación que habilite para construir la propia vida y para incorporarse al mercado, tratando de alcanzar un equilibrio. Es un debate que se inserta en el discurso de las competencias básicas educativas. Una de las conclusiones es que la Competencia espiritual es una competencia básica irrenunciable. Algunas pistas para su desarrollo son: la capacidad de preguntarse por la propia vida, encontrar horizontes de sentido, ser capaz de elegir y clarificar los propios valores, discernir y elegir libremente las propias respuestas y de una manera u otra explorar la propia interioridad.

En este contexto, podría considerarse la Interioridad como una habilidad de la Competencia espiritual. Sin embargo, bien podría tratarse de dos expresiones que se refieren a lo mismo. La Interioridad, más antigua como propuesta y como metodología, es en sí misma una competencia que, en términos educativos puede considerarse básica. Una competencia básica es aquella que:

  • Constituye un saber hacer, esto es, un saber que se aplica.
  • Es susceptible de adecuarse a una diversidad de contextos.
  • Tiene un carácter integrador, abarcando conocimientos, procedimientos y actitudes.

Y la Interioridad reúne esas condiciones. La formulación breve pero profunda de san Agustín sobre la metodología de la Interioridad es la siguiente:

«No quieras derramarte fuera, entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior habita la verdad; y si hallares que tu naturaleza es mutable, trasciéndete a ti mismo.» (La Verdadera Religión, 39, 72)

Esta formulación encierra una propuesta metodológica cuyos objetivos, entre otros, pueden ser:

  1. Parar con atención
  2. Entrar con recogimiento
  3. Conocerse
  4. Buscar la verdad desde la inquietud
  5. Cambiar
  6. Crecer
  7. Trascenderse

Esta metodología supone un saber hacer aplicado que se puede adecuar de manera integrativa a una multitud de contextos abarcando conocimientos, procedimientos y actitudes. Por eso, el entrenamiento práctico de esos objetivos constituye la competencia básica de la Interioridad. Y es una competencia que indica dos tipos de movimientos: un movimiento hacia el interior y un movimiento hacia lo alto.

Una propuesta de entrenamiento que favorezca estos dos movimientos es la que se encuentra a continuación. Es una metodología que propone distintas habilidades, procedimientos y actitudes para cada objetivo.

  1. Atención
    • Parar.

Cultivo de la concentración, de la atención de alta intensidad y toma de conciencia del mundo exterior y del mundo interior.

  1. Recogimiento
    • Entrar.

Vuelta al “sí-mismo”: desde los sentidos externos hasta los sentidos internos y hasta el alma.

  1. Auto-conocimiento
    • Darse cuenta.

Reconocimiento de las tensiones corporales, de la energía corporal, de las emociones y los sentimientos, de los pensamientos y de las manifestaciones del alma.

  1. Inquietud y búsqueda
    • Inquietud (inclinación o interés hacia algo).

Asombro, inconformismo, búsqueda de la excelencia, salida de la zona de comodidad, descanso del alma en Dios…

    • Búsqueda de la verdad.

Búsqueda de la verdad física y espiritual, estudio, investigación, diálogo interpersonal y diálogo interno.

  1. Cambio
    • Desapego.

Vaciamiento / desprendimiento, suelta, liberación, perdón.

    • Gestión del cambio.

Gestión de los estados físico, emocional y mental, gestión del carácter para el cultivo de las virtudes básicas y transformación de hábitos o patrones de pensamiento y conducta.

  1. Crecimiento
    • Comunicación.

Unidad interior de todas las almas; compartir los signa data o signos comunicativos del alma que expresa externamente su realidad interna; desarrollo de la relación entre lo exterior y lo interior, entre el alma y el cuerpo; expresión de las vivencias internas; testimonio; vivencia sacramental; expresión de gratitud…

    • Quietud.

Cultivo del estado de quietud y de su grado mayor: el silencio. Meditación y oración contemplativa.

  1. Trascendencia
    • Unión.

Búsqueda de sentido, confianza en Dios (fe), entrega de la voluntad a Dios, participación comunitaria, contribución social, servicio, centralidad de Cristo, cuidado de la llama del “corazón herido”.

Todas estas habilidades pueden entrenarse por medio de las herramientas recogidas en esta propuesta de entrenamiento de la Interioridad.

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